“Los estados latinoamericanos surgieron en sociedades aun coloniales, en
territorios por lo general despoblados, que aun no habían construido las
instituciones básicas que conforman una sociedad nacional (relaciones de producción,
sentimientos de nacionalidad, estructura de clases cristalizada, bases
jurídicas, circuitos comerciales). El propio proceso de formación estatal fue
parte fundamental de ese proceso de construcción social mas abarcador”.[1]
Es por eso que este trabajo
intentara sintetizar los procesos de conformación de estado-nación en dos
regiones geográficas de américa latina, como son México y Brasil.
Se tendrán en cuenta las
diferencias y similitudes entre ambas regiones y se tomara como punto de
partida la conformación de las elites dominantes, la inserción de México y
Brasil al mercado capitalista y la consolidación de un poder político
centralizado.
Para poder comprender la
conformación de estados nacionales que se iniciaron luego de las declaraciones
de independencia tanto en México como en Brasil se debe tener en cuenta el
significado que se leda al concepto de estado que menciona Chiaramonte en donde
enmarca el criterio que se tiene al momento de la independencia y menciona: “La realidad inexistente de las
nacionalidades correspondientes a cada uno de los países iberoamericanos, y en
virtud de un concepto de <Nacionalidad>, también inexistente entonces, al
menos en el uso hoy habitual.”[2]
Es por esto que en México se
probaron e intentaron distintas soluciones para organizar el territorio, como
gobiernos militares, triunviratos, posibles repúblicas liberales, hasta una monarquía constitucional se intento
implementar, dando cuenta de los diferentes caminos que se querían seguir y de
cómo pacificar a una sociedad alterada y movilizada por una independencia.
Brasil no tuvo como
finalidad la implementación de un sistema republicano porque este alteraría el
orden institucional. Por eso se decidió continuar con una monarquía como
sistema de gobierno.
(…) “La solución monárquica no fue la usurpación de la soberanía nacional
como arguyeron mas tarde los republicanos”, sino resultado de la decisión de
parte de las elites brasileñas que aspiraban a formar un estado centralizado y temían
que la vía republicana impidiese la unidad. La independencia, entonces, no fue
aquí tampoco producto de una inexistente nación sino de los conflictos internos
de Portugal.”[3]
Los procesos de
independencia dejaron secuelas diferentes en México y Brasil. En Brasil el
poder político se mantuvo centralizado en el emperador del Brasil, es por eso
que se dio un vaciamiento de poder. Por esto el orden no se perdió en su
totalidad como lo menciona Halperín Donghi: (…) “El viejo orden era en Brasil
mas parecido al nuevo que en Hispanoamérica”.[4]
Por esto José I tomaba decisiones centralizadas, como la elección de
presidentes de provincias.
En México esto se dio de
otra forma ya que se evidencia un corte definitivo del lazo colonial que llevó
a que hayan poderes políticos divididos y sectores mucho mas beneficiados con
la independencia como los militares: “la
gravitación del ejercito, al que las guerras de independencia han dejado en
herencia un demasiado nutrido cuerpo de oficiales y una función inexcusable de
guardián del orden interno se revela decisivo”.[5]
Con esto podemos decir que esta
corporación se mantendría en el poder político para gestionar el orden que se
perdió tras la ruptura con el lazo colonial, y aplacar la violencia que se
exacerbó tras las guerras de independencia.
Debemos tener en cuenta
también la economía. El México conservador luego de la independencia quedo en
una situación muy comprometida, colapsa y el resultado de este período es la
destrucción de la capacidad minera y la falta de dinero producto de la huida de
los capitales y de las sucesivas guerras.
En cambio Brasil mantuvo una
continuidad económica proveniente del periodo colonial afianzado en las
reformas Pombalinas: Ser (…) “El principal mercado latinoamericano para Gran
Bretaña.”[6].
Su principal exportación, el azúcar, no pierde su vigencia en el período inmediato
a la independencia.
México y Brasil tienen una
amplia apertura al comercio externo y en especial con las metrópolis
industriales (Gran Bretaña). Esta apertura le sirvió a Brasil, en especial a
las elites del norte azucarero, pero también a México, ya que los capitales
llegados desde Gran Bretaña podría servirles para reactivar la economía minera.
Un punto importante a tener
en cuenta en México y Brasil son los fuertes regionalismos que se hayan en
ambos territorios. Estos regionalismos o localismos pueden ser de índole
económica, pero ellos entorpecían las expectativas de las elites urbanas con
tendencias centralistas a conformar un estado central, puesto que las elites de
estas regiones tenían intereses distintos y no querían perder esos privilegios.
En México hubo varios
intentos secesionistas en regiones
estratégicas, y en Brasil también en el caso de Pernambuco, en el norte
azucarero del Brasil.
Estos intereses dispares
llevaron a enfrentamientos políticos de orden capitalistas-federalistas[7]
que se dieron en todo Hispanoamérica (incluido México) y ciudades ex
capitalistas coloniales, querían dominar sobre las ciudades del interior.
En Brasil, estas tendencias
autonómicas tenían también una raíz económica. La poca integración de los
mercados regionales tanto en Brasil como en México es un tema muy importante
debido a la falta de un mercado interno que le quita el atributo de “estatidad”[8],
y esta falta de conexión entre regiones y de un mercado interno se da tanto en México
como en Brasil y esto da lugar al surgimiento de poderes locales representado
en los caudillos. Estos intentaban mantener el orden social perdido luego de la
revolución. Esto se dio principalmente en Hispanoamérica, no así en Brasil
donde el rey era garante del orden social.
A mediados del siglo XIX se
evidencia el avance de ideologías liberales y románticas en las elites mas
ilustradas de ambos territorios. En este periodo se dan una variedad de
reformas que provocan transformaciones en las sociedades de estos territorios.
En México las transformaciones tienen que ver con la expropiación de
territorios a comunidades indígenas y a la iglesia. En Brasil los cambios de
estos liberales se centraron en la abolición de la esclavitud. En México tenían
una base de fuerza de trabajo apoyada en la población indígena, por esto la
obtención de la mano de obra no era fácil. Era muy común cooptar la mano de
obra ofreciendo algunas ventajas a los campesinos para que éstos se conviertan
en mano de obra permanente o también en muchos casos se usaba la violencia para
que no abandonaran sus puestos de trabajo. También era posible obtener mano de
obra eventual, en momentos de cosechas estacionales ofreciendo buenos sueldos.
La expansión latifundista mexicana conllevó a la aparición de nuevos actores
sociales en zonas rurales.
En Brasil la trata de negros
proveniente de África fue la principal fuente de mano de obra empleada en los
campos de cultivos del norte y en las facendas. Puesto que era el sistema
económico predominante y la base del sistema de dominación. Debido a esto se
tardó mucho en abolir la esclavitud.
Volviendo al liberalismo,
las elites comenzaron a lograr cambios a nivel social e imponer reformas que
beneficiarían; las elites conservadoras, el poder militar y la iglesia en México,
y la burocracia real brasilera tuvieron intentos de volver al centralismo
político. En Brasil el rey vuelve a centralizar el poder en su persona y sus
allegados se implementa una monarquía constitucional. “La estabilidad llegará a México conservador a través de la instalación
de una monarquía: en esa solución coinciden veleidades ya antiguas de los
conservadores mexicanos y las preferencias de su nuevo protector francés.”[9]
Pero los cambios ya estaban
realizados. En México las elites liberales lideradas por Benito Juárez se
impulsaron a los conservadores por su superioridad económica, por la
integración al mercado mundial que le dio paso a inversiones extranjeras que se
necesitaban para la construcción de ferrocarriles, para lograr la integración
de un mercado interno con el objetivo de exportar materias primas.
En Brasil tenían una
poderosa elite liberal: La cafetalera de Sao Paulo, la cual tuvo ayuda del
ejercito con ideas liberales “un golpe
militar que no encontró resistencia derribó en 1989, la monarquía: el ejército
y las elites. Las políticas del Brasil central, donde estaba elaborando la
expansión del café, eran los beneficiarios del cambio institucional”.[10]
Esta elite que producía, (…)
“el producto brasileño que tuvo mas éxito
en el mercado internacional”[11], cuando quiso
primar sus intereses por sobre los de los demás elites tuvo la suficiente
fortaleza como para hacerlo.
De esta forma luego de las
victorias liberales y la conformación republicana tanto en Brasil como en México,
vendrían los ferrocarriles, que integraron los mercados internos, productores
de materias primas con los puertos nacionales a todos con el mundo.
[1] Oszlak, Oscar “Formación histórica del estado en américa
latina”
Elementos
teóricos – metodológicos para su estudio. Buenos Aires CEDES (1984).
[2] Chiaramonte, José Carlos “La formación de los estados nacionales en
Iberoamérica” Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr.
Emilio Ravignani”, Tercera serie, núm. 15, 1er semestre de 1997, pág. 145.
[3] Chiaramonte, José Carlos “La formación de los estados nacionales en
Iberoamérica” Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr.
Emilio Ravignani”, Tercera serie, núm. 15, 1er semestre de 1997, pág. 155.
[4] Halperín Donghi, Tulio: “Historia contemporánea de América Latina”, Buenos
Aires editorial Alianza, 7ma edición (2008);pág. 168.
[5] Halperín Donghi, Tulio: “Historia contemporánea de América Latina”, Buenos
Aires editorial Alianza, 7ma edición (2008);pág. 181.
[6] Halperín Donghi, Tulio: “Historia contemporánea de América Latina”, Buenos
Aires editorial Alianza, 7ma edición (2008);pág. 168.
[7] Chiaramonte, José Carlos “La formación de los estados nacionales en
Iberoamérica” Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr.
Emilio Ravignani”, Tercera serie, núm. 15, 1er semestre de 1997, pág. 151.
[8] [8]
Oszlak, Oscar “Formación histórica del
estado en américa latina”
Elementos
teóricos – metodológicos para su estudio. Buenos Aires CEDES (1984).
[9] Halperín Donghi, Tulio: “Historia contemporánea de América Latina”, Buenos
Aires editorial Alianza, 7ma edición (2008);pág. 245.
[10] Halperín Donghi, Tulio: “Historia contemporánea de América Latina”, Buenos
Aires editorial Alianza, 7ma edición (2008);págs. 283 y 284.
[11] Dean Warren: La economía
brasilera. 1870 1930






