martes, 28 de agosto de 2012

Conformacion de las Estados Latinoamericanos


Los estados latinoamericanos surgieron en sociedades aun coloniales, en territorios por lo general despoblados, que aun no habían construido las instituciones básicas que conforman una sociedad nacional (relaciones de producción, sentimientos de nacionalidad, estructura de clases cristalizada, bases jurídicas, circuitos comerciales). El propio proceso de formación estatal fue parte fundamental de ese proceso de construcción social mas abarcador”.[1]
Es por eso que este trabajo intentara sintetizar los procesos de conformación de estado-nación en dos regiones geográficas de américa latina, como son México y Brasil.
Se tendrán en cuenta las diferencias y similitudes entre ambas regiones y se tomara como punto de partida la conformación de las elites dominantes, la inserción de México y Brasil al mercado capitalista y la consolidación de un poder político centralizado.


Para poder comprender la conformación de estados nacionales que se iniciaron luego de las declaraciones de independencia tanto en México como en Brasil se debe tener en cuenta el significado que se leda al concepto de estado que menciona Chiaramonte en donde enmarca el criterio que se tiene al momento de la independencia y menciona: “La realidad inexistente de las nacionalidades correspondientes a cada uno de los países iberoamericanos, y en virtud de un concepto de <Nacionalidad>, también inexistente entonces, al menos en el uso hoy habitual.”[2]
Es por esto que en México se probaron e intentaron distintas soluciones para organizar el territorio, como gobiernos militares, triunviratos, posibles repúblicas liberales,  hasta una monarquía constitucional se intento implementar, dando cuenta de los diferentes caminos que se querían seguir y de cómo pacificar a una sociedad alterada y movilizada por una independencia.
Brasil no tuvo como finalidad la implementación de un sistema republicano porque este alteraría el orden institucional. Por eso se decidió continuar con una monarquía como sistema de gobierno.
(…) “La solución monárquica no fue la usurpación de la soberanía nacional como arguyeron mas tarde los republicanos”, sino resultado de la decisión de parte de las elites brasileñas que aspiraban a formar un estado centralizado y temían que la vía republicana impidiese la unidad. La independencia, entonces, no fue aquí tampoco producto de una inexistente nación sino de los conflictos internos de Portugal.”[3]
Los procesos de independencia dejaron secuelas diferentes en México y Brasil. En Brasil el poder político se mantuvo centralizado en el emperador del Brasil, es por eso que se dio un vaciamiento de poder. Por esto el orden no se perdió en su totalidad como lo menciona Halperín Donghi: (…) “El viejo orden era en Brasil mas parecido al nuevo que en Hispanoamérica”.[4] Por esto José I tomaba decisiones centralizadas, como la elección de presidentes de provincias.
En México esto se dio de otra forma ya que se evidencia un corte definitivo del lazo colonial que llevó a que hayan poderes políticos divididos y sectores mucho mas beneficiados con la independencia como los militares: “la gravitación del ejercito, al que las guerras de independencia han dejado en herencia un demasiado nutrido cuerpo de oficiales y una función inexcusable de guardián del orden interno se revela decisivo”.[5]
Con esto podemos decir que esta corporación se mantendría en el poder político para gestionar el orden que se perdió tras la ruptura con el lazo colonial, y aplacar la violencia que se exacerbó tras las guerras de independencia.
Debemos tener en cuenta también la economía. El México conservador luego de la independencia quedo en una situación muy comprometida, colapsa y el resultado de este período es la destrucción de la capacidad minera y la falta de dinero producto de la huida de los capitales y de las sucesivas guerras.
En cambio Brasil mantuvo una continuidad económica proveniente del periodo colonial afianzado en las reformas Pombalinas: Ser (…) “El principal mercado latinoamericano para Gran Bretaña.”[6]. Su principal exportación, el azúcar, no pierde su vigencia en el período inmediato a la independencia.
México y Brasil tienen una amplia apertura al comercio externo y en especial con las metrópolis industriales (Gran Bretaña). Esta apertura le sirvió a Brasil, en especial a las elites del norte azucarero, pero también a México, ya que los capitales llegados desde Gran Bretaña podría servirles para reactivar la economía minera.
Un punto importante a tener en cuenta en México y Brasil son los fuertes regionalismos que se hayan en ambos territorios. Estos regionalismos o localismos pueden ser de índole económica, pero ellos entorpecían las expectativas de las elites urbanas con tendencias centralistas a conformar un estado central, puesto que las elites de estas regiones tenían intereses distintos y no querían perder esos privilegios.
En México hubo varios intentos secesionistas  en regiones estratégicas, y en Brasil también en el caso de Pernambuco, en el norte azucarero del Brasil.
Estos intereses dispares llevaron a enfrentamientos políticos de orden capitalistas-federalistas[7] que se dieron en todo Hispanoamérica (incluido México) y ciudades ex capitalistas coloniales, querían dominar sobre las ciudades del interior.
En Brasil, estas tendencias autonómicas tenían también una raíz económica. La poca integración de los mercados regionales tanto en Brasil como en México es un tema muy importante debido a la falta de un mercado interno que le quita el atributo de “estatidad”[8], y esta falta de conexión entre regiones y de un mercado interno se da tanto en México como en Brasil y esto da lugar al surgimiento de poderes locales representado en los caudillos. Estos intentaban mantener el orden social perdido luego de la revolución. Esto se dio principalmente en Hispanoamérica, no así en Brasil donde el rey era garante del orden social.
A mediados del siglo XIX se evidencia el avance de ideologías liberales y románticas en las elites mas ilustradas de ambos territorios. En este periodo se dan una variedad de reformas que provocan transformaciones en las sociedades de estos territorios. En México las transformaciones tienen que ver con la expropiación de territorios a comunidades indígenas y a la iglesia. En Brasil los cambios de estos liberales se centraron en la abolición de la esclavitud. En México tenían una base de fuerza de trabajo apoyada en la población indígena, por esto la obtención de la mano de obra no era fácil. Era muy común cooptar la mano de obra ofreciendo algunas ventajas a los campesinos para que éstos se conviertan en mano de obra permanente o también en muchos casos se usaba la violencia para que no abandonaran sus puestos de trabajo. También era posible obtener mano de obra eventual, en momentos de cosechas estacionales ofreciendo buenos sueldos. La expansión latifundista mexicana conllevó a la aparición de nuevos actores sociales en zonas rurales.
En Brasil la trata de negros proveniente de África fue la principal fuente de mano de obra empleada en los campos de cultivos del norte y en las facendas. Puesto que era el sistema económico predominante y la base del sistema de dominación. Debido a esto se tardó mucho en abolir la esclavitud.
Volviendo al liberalismo, las elites comenzaron a lograr cambios a nivel social e imponer reformas que beneficiarían; las elites conservadoras, el poder militar y la iglesia en México, y la burocracia real brasilera tuvieron intentos de volver al centralismo político. En Brasil el rey vuelve a centralizar el poder en su persona y sus allegados se implementa una monarquía constitucional. “La estabilidad llegará a México conservador a través de la instalación de una monarquía: en esa solución coinciden veleidades ya antiguas de los conservadores mexicanos y las preferencias de su nuevo protector francés.”[9]
Pero los cambios ya estaban realizados. En México las elites liberales lideradas por Benito Juárez se impulsaron a los conservadores por su superioridad económica, por la integración al mercado mundial que le dio paso a inversiones extranjeras que se necesitaban para la construcción de ferrocarriles, para lograr la integración de un mercado interno con el objetivo de exportar materias primas.
En Brasil tenían una poderosa elite liberal: La cafetalera de Sao Paulo, la cual tuvo ayuda del ejercito con ideas liberales “un golpe militar que no encontró resistencia derribó en 1989, la monarquía: el ejército y las elites. Las políticas del Brasil central, donde estaba elaborando la expansión del café, eran los beneficiarios del cambio institucional”.[10]
Esta elite que producía, (…) “el producto brasileño que tuvo mas éxito en el mercado internacional”[11], cuando quiso primar sus intereses por sobre los de los demás elites tuvo la suficiente fortaleza como para hacerlo.
De esta forma luego de las victorias liberales y la conformación republicana tanto en Brasil como en México, vendrían los ferrocarriles, que integraron los mercados internos, productores de materias primas con los puertos nacionales a todos con el mundo.



[1] Oszlak, Oscar “Formación histórica del estado en américa latina”
Elementos teóricos – metodológicos para su estudio. Buenos Aires CEDES (1984).
[2] Chiaramonte, José Carlos “La formación de los estados nacionales en Iberoamérica” Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani”, Tercera serie, núm. 15, 1er semestre de 1997, pág. 145.
[3] Chiaramonte, José Carlos “La formación de los estados nacionales en Iberoamérica” Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani”, Tercera serie, núm. 15, 1er semestre de 1997, pág. 155.
[4] Halperín Donghi, Tulio: “Historia contemporánea de América Latina”, Buenos Aires editorial Alianza, 7ma edición (2008);pág. 168.
[5] Halperín Donghi, Tulio: “Historia contemporánea de América Latina”, Buenos Aires editorial Alianza, 7ma edición (2008);pág. 181.
[6] Halperín Donghi, Tulio: “Historia contemporánea de América Latina”, Buenos Aires editorial Alianza, 7ma edición (2008);pág. 168.
[7] Chiaramonte, José Carlos “La formación de los estados nacionales en Iberoamérica” Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani”, Tercera serie, núm. 15, 1er semestre de 1997, pág. 151.
[8] [8] Oszlak, Oscar “Formación histórica del estado en américa latina”
Elementos teóricos – metodológicos para su estudio. Buenos Aires CEDES (1984).
[9] Halperín Donghi, Tulio: “Historia contemporánea de América Latina”, Buenos Aires editorial Alianza, 7ma edición (2008);pág. 245.
[10] Halperín Donghi, Tulio: “Historia contemporánea de América Latina”, Buenos Aires editorial Alianza, 7ma edición (2008);págs. 283 y 284.
[11] Dean Warren: La economía brasilera. 1870 1930